Hacemos de nuestras circunstancias lo que creemos que son.
¿Quién determina si una situación es graciosa, triste, peligrosa o vergonzosa?
Nadie, más que el que la vive.
Cuanto más interiorizada tenga esta respuesta un sujeto, más determinará la situación que esté viviendo, no solo para él, sino también para todos los individuos que la comparten.
El nivel de seguridad cumple un papel fundamental a la hora de determinar si una situación es positiva o negativa: en un entorno desconocido, una persona insegura, actuará conforme a una concepción del peligro, en estado de alerta; al contrario de una persona segura, la cual actuará tranquilamente, asumiendo la posibilidad de ausencia de peligros. En este ejemplo, el resto de los individuos del grupo, se conducirán según su emocionalidad, siguiendo los razonamientos del sujeto seguro o siguiendo las expresiones emocionales desesperadas del sujeto inseguro.
De todos modos, los razonamientos del sujeto seguro no serán suficientes si no tiene la capacidad a la vez de distraer la atención del resto del grupo, mediante planteamientos que demanden la capacidad de los demás para resolver problemas, que no necesariamente existen para éste, pero que son de importancia para demostrar la utilidad que los otros sujetos tienen como forma de contribuir al éxito del grupo.
Como resultado tendremos un grupo de sujetos seguros y determinantes de circunstancias positivas.

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